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Mentira impiadosa

Balón de Bronce del Mundial sub 20, galardón que también adorna las vitrinas de leyendas de la dimensión de Zvonimir Boban, Pablo Aimar, Dani Alves o el mismísimo Chatón Enríquez. Único héroe nacional capaz de rotular su nombre en las madres de todas las gestas del futbol mexicano: Perú 2005 y Londres 2012. Autor de uno de los cinco grandes goles seleccionados en la gala Balón de Oro de FIFA 2011, donde aquella anotación en la que bailó a tres cuartas partes de Estados Unidos dentro del área se codeó con las mejores obras de Messi, Neymar, Rooney e Ibrahimovic. 

Imagino la tarde a mediados de siglo en que los estadios del futbol mexicano guarden un minuto de silencio en memoria de Giovani dos Santos y visualizo a los jóvenes interesados en ilustrarse concluir, tras echar un vistazo a la Wikipedia del futuro cualquiera sea su forma, que Giovani Álex dos Santos Ramírez fue uno de los grandes. Si alguno de esos mocosos cuyos padres aún no han nacido se topa con este vetusto fósil de pseudoperiodismo deportivo, que sepa que Gio no fue nadie… comparado a lo que imaginábamos.

No fuimos pocos los párvulos que lo conocimos en aquel Mundial sub 17 y vimos en él a nuestro redentor. Entonces, a un ritmo que fusionaba samba y acordeón, por primera vez el sí se puede evolucionó en sí se pudo. No cabíamos en ilusión e impaciencia. No había más que sentarnos y esperar: ¡el nuevo Ronaldinho era mexicano!

Pasaron 10 años desde entonces. Siete clubes y una treintena de goles ilustran su mezquino balance. Ahora Gio es un viejo marchito de 26 años recién cumplidos, a instantes de emprender el retiro dorado de la MLS. Parece mentira, aunque al fin y al cabo esa es justamente la palabra que con mayor precisión define su trayectoria.