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Vuelo a París

Echar a Ronaldinho. Patear el bote del mago que cambió la historia del club. Quien acabó con seis años de asquerosa sequía. El que decidió que el Barça dejara de dar pena con una solo ejemplar de la Champions League, custodiada como si se tratara del Santo Grial en el museo. El dios de la sonrisa que a pesar del declive sufrido en los últimos 18 meses aún reproducía más camisetas por el mundo que todo el Madrid junto. Regalar al héroe al primer postor, sin siquiera subastarlo. 

En 2008 el Barça estaba en coma depresivo. Lo único que lo mantenía conectado a la vida, aunque fuera en estado vegetal, era el crack brasileño y la fe de que a los 28 años aún traía reserva de magia bajo el sombrero. Entonces Guardiola desenchufó el cable.

Cristiano Ronaldo y Ronaldinho son tocayos y hablan portugués. Por lo demás, podrían ser la Bella y la Bestia y bailar vals en un palacio entre relojes y candelabros mutantes. El segundo es la representación física del carisma, el primero tiene la gracia de Donald Trump. Uno es una máquina perfecta y ultra competitiva, el otro no era más que un genio en busca de diversión. Este es un profesional y aquél es un borracho. Cristiano es al Madrid lo que Dinho fue para el Barça.

Zinedine Zidane, que tenía el físico del portugués y la técnica del brasileño jugó cinco años en el Real Madrid. Se le considera uno de los cinco individuos más grandes que hayan pisado un campo de futbol y a pesar de su elegancia, potencia y clarividencia apenas le alcanzó para ganar una Liga y una Champions bajo la tutela de Florentino Pérez. Zidane jugador perdió cuatro Ligas, cuatro Champions y cinco Copas del Rey en el Real Madrid. 

Ahora, como última bala del decadente presidente merengue, tiene la misión de darle rumbo a un club que se ha convertido en el hazmerreír del mundo entero por su torpeza dentro y fuera del campo. Y encima debe intentarlo sin aval para pisar el balón, que siempre fue su único modo de liderazgo. 

Cristiano es el máximo goleador que jamás tendrá el Madrid. El depredador más hambriento que ha dado la historia del futbol. Víctima de un presidente que le desarmó el equipo a cada año. Pero la calibración sueldo-edad-actitud-nivel ya no le hacen rentable ni aunque meta otros 40 goles esta temporada. 

Si Zizou tiene un pelo de listo, lo manda a volar a París de un cabezazo directo al tórax.