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Capitán Cavernícola

Por su facha y actitud en el campo, cualquiera apostaría a que se trata de un espécimen incapaz de usar los cubiertos o de masticar con la boca cerrada.

Siempre es el primero en salir del vestidor. Mientras los demás se peinan con vehemencia, se acomodan cuidadosamente el cuello de su camisa Armani o se untan cremita anti arrugas, el capitán del Barcelona sale sin una gota de gel, con el mismo look de hace diez años, y se encamina hacia el estacionamiento para subirse a su discreto Audi A3 que tanto desentona entre los Porsches, Corvettes y Hummers de sus compañeros de equipo.

En mayo pasado salió de fiesta por primera vez en tres años: El Barça había conquistado la Liga y Puyol supo que merecía la pena romper sus costumbres por una noche.

Tenía todo para convertirse en el mejor lateral derecho del planeta; pero su rapidez, fuelle y dureza defensiva eran demasiado lujo para desperdiciarlo en una banda y pronto fue reubicado con el fin de hacerle el paro a un desastre llamado Frank de Boer.

Desde entonces se acostumbró a valer por dos. Ya no cuida las espaldas del holandés, pero sigue haciéndole la tarea a los otros defensas. Gracias a Puyol, apenas se nota que Oleguer no podría ser titular ni en Atlante.

Es un auténtico dolor de huevos para sus compañeros. Cada balón muerto representa una nueva ocasión de presionarlos para que no se relajen ni un suspiro. Salta más que cualquier fanático en cada gol; nada importa que él no lo anote ni de milagro y, antes de que se reanude el juego vuelve a gritar, a aplaudir, a corregir.

Es único. Pelea cada balón como si fuera el último de la Tierra, pero en promedio sufre el doble de faltas de las que comete… Nunca lo expulsan. Jamás sufre una suspensión por acumular amarillas. En la vida se lesiona. Se ha perdido apenas tres de los últimos cien partidos porque sabe que es imprescindible.

Xavi, el cerebro del equipo puede romperse la rodilla sin que pase nada; Etoo se marcha seis partidos con su selección y la máquina goleadora del Barça no se resiente; pero basta con que al capitán se le otorgue un día de descanso para que el equipo se coma cuatro en Zaragoza. Mucha magia, muchas victorias consecutivas (18), mucho bla bla bla y a fin de cuentas, el Barça sin Puyol se vuelve un cabaret.

El domingo reapareció en Mallorca y el Barcelona recuperó el semblante. Porque Ronaldinho valdrá más de 150 millones de Euros, pero Puyol… Puyol no tiene precio.