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Muñeco de papel

Ninguno de los 20 jugadores más caros de esta temporada responde al grito de Hirving Lozano. Su nombre no aparece ni siquiera entre los cien fichajes más costosos de todos los tiempos. Doscientas veinticinco imágenes después aparece la primera foto de Hirving Lozano cuando tecleas “Chucky” en la versión internacional de Google. Lo más probable del mundo es que Hirving Lozano nunca gane el Balón de Oro.

El dato es debatible, pero en los últimos 25 años solo ocho jugadores extranjeros saltaron de la Eredivisie para triunfar en un mundo mejor. Ronaldo Nazario, Zlatan Ibrahimovic y Luis Suárez son los egresados de honor. Christian Eriksen trabaja en ello, pero ya puede considerarse uno de los elegidos. Jefferson Farfán y Ji-sung Park más o menos la armaron lejos del PSV. Arkadiusz Milik y Dres Mertens, nuevos compañeros de Lozano en el Napoli completan las carreras de relativo éxito tras pasar por Países Bajos.

Naturalmente, la lista de aquellos que encontraron en la Eredivisie un trampolín al abismo es mucho mayor: Mateja Kezman, Jozy Altidore, Alireza Jahanbakhsh, Wilfried Bony, Afonso Alves, Balazs Dzsudzsak, Arouna Koné o Bryan Ruiz son solo algunos nombres que en su día fueron ilustres en lenguaje Eredivisie.

Seguramente Lozano tiene mayor potencial que todos los anteriores, más conviene precaución por si acaso. Napoli es, de cualquier modo, el escenario ideal para continuar su hasta ahora tan bien encaminada progresión.

Porque Napoli no es una de las grandes potencias europeas, pero tampoco está demasiado lejos. Ambos, club y jugador, buscarán subir juntos ese resbaloso escalón que aún les separa de sus respectivas élites. Si el equipo del sur de Italia busca la consolidación de su proyecto, Lozano parece buena apuesta. Lozano sufrirá la demanda de rendimiento inmediato, moneda de cambio universal a la que se expone todo jugador caro y prometedor. 

Pero no debería ser necesario tener que recordar que Chucky no es el nuevo Maradona. O que tampoco tiene pinta de emular a Ronaldo, Luis Suárez o Ibrahimovic. Nada le ayudará más al mejor talento nacional de los últimos tiempos que la ecuanimidad de su entorno. Esa que en México parece absolutamente perdida.